Mis hijos crecieron y se fueron de casa

Dios es amor, y es en la mujer que el amor de Dios se expresa al máximo grado; por eso se dice que la mujer es la Diosa del Amor. En Seicho-No-Ie aprendemos que cuando el hijo de Dios se manifiesta con un cuerpo femenino, el objetivo de su aprendizaje es básicamente el amor. Por lo tanto, el amor que la mujer como madre dedica a sus hijos es un amor incondicional, un amor sublime que no exige nada a cambio, un amor genuino de donación total, incluso anulándose a sí misma en favor de sus hijos, se convierte en una “leona” para proteger a sus hijos, a veces sin comer para alimentar a sus retoños. Para ellas, los hijos se convierten en su razón de vida.

Es precisamente por toda esta dedicación que, después de la independencia de sus hijos, por matrimonio, al preferir vivir solos, o por otras razones, la madre siente un gran vacío, como si le hubieran quitado el piso. Algunas incluso experimentan un estado depresivo; se llama síndrome del nido vacío. El impacto es mayor para la madre, precisamente porque pasa mucho más tiempo que los hombres criando a los hijos y en el mantenimiento del hogar. Según los datos estadísticos de 2016, la mujer dedica un promedio de 18 horas por semana al cuidado de los miembros de su familia y con quehaceres domésticos, por lo tanto, un 73% más que los hombres, que dedican aproximadamente 10.5 horas por semana.

Por lo tanto, es perfectamente comprensible el sentimiento de vacío que se apodera de la mujer después de cumplir su misión de criar a sus hijos. Sin embargo, la mujer debe comprender esa fase como su “graduación” para enfrentar nuevos desafíos, nuevas etapas en su vida, buscando otras actividades de su interés para desempeñar nuevos roles en sus vidas. Es una “graduación” y no el “fin”. Es importante tener esta perspectiva positiva viviendo según el “Principio del reloj de Sol” con la mente siempre dirigida hacia la luz, porque la vida crece solo cuando está dirigida hacia la luz. Vivir el principio del reloj de sol es vivir como la flor del girasol, que siempre sigue la dirección del Sol.

Los hijos, al salir de casa, seguirán su camino y la madre debe buscar el suyo: buscar otras experiencias además de los hijos, como salir con amigos, practicar actividades físicas, estudiar, viajar y, principalmente, dedicar más tiempo a la relación con su esposo.

En mi caso particular, cuando los hijos salieron de casa, mi esposo y yo comenzamos a programar muchos viajes en pareja, algo que antes no había sido posible durante la crianza de los hijos. Por lo tanto, viajamos a varias partes de Brasil y el extranjero, como Japón, España (Madrid, Barcelona), Italia (Roma, Venecia, Milán, Florencia, Nápoles), México (Cancún) y otros. Los fines de semana, cuando no tenía actividad en Seicho-No-Ie, mi esposo y yo salíamos el viernes por la noche a alguna ciudad cerca de São Paulo, buscando un buen lugar para comer, pasando la noche en un hotel de la ciudad, disfrutamos del desayuno del hotel y volvíamos a nuestra casa por la tarde para preparar el almuerzo del domingo con los hijos, nueras y nietos. El lunes siempre estaba reservado para “enamorar”: almorzábamos en la calle, paseábamos por centros comerciales y volvíamos a casa solo por la noche. A veces nos reuníamos con las familias de nuestros hijos en el Jardín Botánico de São Paulo, donde pasábamos todo el día paseando y disfrutando del refrigerio preparado por mí. Aquí el verbo está en el pasado, porque mi amado esposo se fue a otra misión en el plano espiritual en marzo del 2017. Después de su fallecimiento, lleno los días dedicándome a mis nietos, haciendo actividad física, trabajando para Seicho-No-Ie, lo que me llena espiritualmente.

La verdad es que el ser humano no se siente solo cuando se dedica a hacer algo en beneficio de alguien, y ese alguien puede ser el esposo, los nietos o algún trabajo voluntario como por ejemplo, el taller de costura de Seicho-No-Ie, que funciona en la Subsede en Jabaquara, Sao Paulo. Todos los lunes, de 9 a.m. a 4 p.m., señoras de entre 33 y 91 años se reúnen para coser, tejer, bordar y otras actividades. Realizan trabajos maravillosos, como kits de ropitas para bebés, que se donan a mujeres embarazadas sin condiciones financieras. Ellas también fabrican productos artesanales que se venden en bazares de caridad, cuyos ingresos se destinan al hogar de ancianos de Seicho-No-Ie, Fundación Gran Armonía. Ellas dicen que se sienten satisfechos haciendo este trabajo de donación de amor.

Conocí en la ciudad de Campo Grande, Mato Grosso do Sul, una divulgadora de Seicho-No-Ie, la Sra. Anaurelina Pereira de Moraes, de 76 años. Ella vive sola, pero dice que no siente soledad después de criar a todos los niños y el fallecimiento de su esposo, porque realiza con verdadera alegría y satisfacción el trabajo de divulgar mensualmente alrededor de 1.000 revistas Seicho-No-Ie de mano en mano en el autobús. Los pasajeros la conocen tan bien que cuando la encuentran en cualquier otro lugar le piden la “revistita” de Seicho-No-Ie. En la conferencia que tuve la oportunidad de orientar en esa ciudad, muchos de los participantes fueron los “clientes” de los autobuses que recibieron las revistas. Otro trabajo voluntario que ella realiza a diario es ir a la Sede Regional para preparar el café para las personas que asisten a la oración matinal de Seicho-No-Ie.

¡El “Yo verdadero”, es decir, la verdadera naturaleza de cada mujer es ser hija de Dios perfecta, dotada de una capacidad infinita! Por lo tanto, ningún evento externo puede hacerla infeliz; a menos que ella lo permita. Ella no es esclava de las circunstancias. ¡Resucita, por lo tanto, la fibra de mujer guerrera que existe dentro de ti, “levántate, sacúdete el polvo y cambia la situación”! Haz “visitas de bendición” a las personas a las que les debes favores, inscríbete en un curso nuevo, aprende nuevos idiomas, programa nuevos viajes, en fin, ¡permite que Dios se manifieste a través de ti, siempre!

¡Muchas gracias!

 

Marie Murakami

Profesora de la Sede Internacional

 

Fuente: Revista Sea Feliz Nº 191 (diciembre – enero/2020)